El mercado de granos de Rosario cerró la semana comercial con una marcada tendencia alcista que encendió las pizarras de la plaza financiera y encareció los costos de las materias primas agrícolas. El precio del trigo disponible experimentó un salto muy significativo, posicionándose firmemente en los $304.000,00 por tonelada para las operaciones físicas inmediatas. Este repunte corta con la estabilidad que venía mostrando el cultivo y genera un fuerte impacto en las expectativas de los productores locales de cara a la nueva campaña fina.
El factor determinante para este rally alcista proviene directamente del frente internacional, donde se registra un severo freno en la oferta mundial del grano. Las principales regiones productoras de Europa y Rusia atraviesan complicaciones climáticas extremas, principalmente sequías e heladas tardías, lo que obligó a las consultoras internacionales a recortar drásticamente sus estimaciones de cosecha global. Al contraerse la disponibilidad de mercadería en los puertos del exterior, la demanda de los exportadores e industriales se volcó con fuerza sobre los saldos remanentes de la región.
En el plano local, la suba de la cotización nominal también encontró un fuerte combustible en las variables macroeconómicas y los costos operativos internos. El sector de la cadena agroindustrial viene absorbiendo incrementos directos en las tarifas de los fletes terrestres, los combustibles y los insumos para el mantenimiento de la maquinaria de distribución, forzando a los compradores a convalidar valores más altos en los puertos para asegurar el flujo continuo de grano hacia las terminales de molienda y embarque.
El salto en el valor del trigo en el mercado rosarino abre un escenario de luces y sombras para la economía doméstica. Por un lado, representa un estímulo económico clave para los productores argentinos que están planificando las metas de siembra, pero por el otro, enciende las alarmas en el sector de la molinería y la industria alimenticia, ya que un encarecimiento persistente de la tonelada de trigo suele trasladarse de forma casi automática al costo de la harina y, consecuentemente, a los precios de góndola de los productos panificados básicos.